Instructora de yoga, guía de meditación y sonoterapeuta. Acompaño a mujeres a reconectar cuerpo, mente y espíritu.

Doce años sobre el escenario. La disciplina del cuerpo, la memoria del ritmo, la exigencia de estar presente. Bailar me enseñó a habitar mi cuerpo antes de saber que eso era lo que estaba aprendiendo.
A los diecinueve encontré el yoga y no lo solté. Al principio fue continuar por otro camino esa conversación con el cuerpo; con el tiempo se volvió otra cosa — una manera de respirar la vida.

En 2023 algo cambió. Un giro hacia adentro: metafísica, energía, la certeza de que había heridas y patrones que solo iban a sanar si me atrevía a mirarlos de frente.
Del healing nació el sonido. Los cuencos llegaron como una medicina que ya me estaba esperando: vibración, presencia, un idioma que el cuerpo entiende sin que la mente tenga que explicarlo.

Hoy, más de diez años después de aquella primera clase de yoga, acompaño a mujeres a reconectar cuerpo, mente y espíritu. En clases, ceremonias de sonido y retiros íntimos.
Creo en una comunidad que sostiene. En la práctica constante como forma de amor propio. En la vibración como medicina. Y en volver, una y otra vez, a sí misma.
La puerta está abierta — para una clase, para un retiro, para escribirme y contarme dónde estás.